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jueves, 29 de junio de 2017

El gran dilema de la ropa de yoga

Permitidme que escriba este artículo también en castellano porque quiero máxima difusión. Probablemente muchos os estaréis preguntando dónde está el dilema exactamente: te pones la ropa, haces yoga y punto, ¿no? Pues no. Para algunos yoguis no es tan fácil, ya que parecemos tener un conflicto moral o de intereses.


Lo he comentado en alguna ocasión, aunque no recuerdo si fue en Instagram, en Facebook o aquí en el blog, que soy una inadaptada, un bicho raro que no encaja ni aquí ni allí. Soy demasiado hippy para mis amigos pijos y demasiado pija para mis amigos hippies. Demasiado moderna para el hatha yoga tradicional pero demasiado tradicional para estilos más modernos de yoga. Es esta incapacidad de encajar en ningún lado lo que me hace tener dilemas sobre cosas que la mayoría de personas ni se plantearían. Un dilema que me ha estado carcomiendo los sesos últimamente es el tema de la ropa de yoga. Dejadme que empiece explicando de dónde viene todo esto.

La sencillez y luminosidad del atuendo tradicional.
Como muchos sabéis, practico dos modalidades de yoga: Hatha y Vinyasa (y cuando puedo, también Ashtanga). Me inicié con el hatha clásico en mi escuela, Yoga Ashram, y me dieron unas pautas de vestimenta: ropa blanca y preferiblemente holgada. Tradicionalmente, el yoga se practica así, de blanco, con ropa holgada de algodón que permita la transpiración y que no oprima el cuerpo, para favorecer la buena circulación del prana (energía vital). ¿Por qué el color blanco? Pues porque es el color del sadhaka, el aprendiz de yoga, el color de la pureza, del desapego y la simplicidad. El color, en la mayoría de casos el naranja, queda reservado al maestro o Swami, ya que es el color de la espiritualidad. 
A continuación cito la explicación que dan en la revista Ciudad Yoga sobre el uso del blanco en yoga:

(se recomienda el uso del blanco)... ya que al ser una combinación de todos los colores de luz y ser un color neutro nos permite una mayor apertura y receptividad, aporta paz y confort, alivia la ansiedad y las sensaciones negativas, purifica y aclara los sentimientos, la mente y el espíritu, así mismo colabora con la meditación y la limpieza del aura.

¿Tiene sentido, verdad? Pues sí. Y eso es lo que pensé yo durante mucho tiempo. Me iba a clase de hatha con mi ropita blanquita y holgada (un poco incómoda, por cierto) bien feliz creyendo que era lo que hacía todo bicho viviente que practicaba yoga. Hasta que un día me puse a buscar cosas por internet y el 99% de fotos de yoga que encontraba mostraban a gente con ropa muy diferente: tops, shorts, leggings y colores a tutiplén. Me llamó la atención pero no le di demasiada importancia. Unos años después, cuando me abrí mi cuenta de Instagram, este contraste de estilos en el vestir se hizo mucho más evidente para mí. En Instagram sólo veía chicas con leggings y shorts de colores llamativos, de tejidos carísimos y todas ellas se veían estupendísimas y preciosas, cuales modelos de revista. Esto me hizo sentir mal conmigo misma: ¿Por qué yo tenía que llevar mi ropa sosa, fea y aburrida habiendo tanta variedad por el mundo? E inocente de mí, me sentía mal porque yo sólo tenía una par de cosillas, a lo mejor dos leggings de color negro, un pantalón blanco y 3 camisetas blancas. El bicho de la avaricia y consumismo absurdo me mordió y me hizo pensar que a lo mejor sería más "cool" con más ropa, y empecé a comprarla. Lo curioso del caso es que con 3 camisetas y 3 pares de pantalones yo ya era feliz, pero me dejé llevar.

La comodidad y practicidad de un atuendo moderno.
Empecé a hacer mi sadhana, mi práctica individual, con leggings en invierno y shorts en verano y el cambio fue notable, sobretodo a medida que empecé a experimentar con estilos de yoga más dinámicos y vigorosos como Vinyasa y Ashtanga. ¡Qué comodidad! ¡Qué fresquito y agradable al tacto! ¡Qué libertad de movimiento! ¡Qué pereza tener que ponerme el "pijama blanco" para ir a clase de hatha! Mmmmm... ¿qué está pasando? Será posible que sean más cómodos los leggings? ¿Pero qué pasa con eso de que la ropa ceñida no permite la buena circulación del prana? ¿Y qué pasa con el color blanco? ¿No se suponía que era el color de preferencia? Llevo desde entonces con este cacao mental. Mi yo tradicional quiere ropita simple y blanca, pero mi yo práctico quiere ropa cómoda. La mayoría de las veces, lo hago automáticamente: si voy a clase de hatha, me pongo ropa blanca y holgada y si me toca práctica por mi cuenta, me pongo leggings de color, e intento no darle más vueltas. Cuando a la gente le digo que practico Hatha tradicional toda vestida de blanco con algo parecido a un pijama, me miran como si fuera un bicho raro, y cuando me pongo ropa más moderna y coloreada, me siento como una vil traidora al Hatha. Pero en general diría que tengo esta distinción bastante clara, al menos yo, porque sé que los demás no tanto.

¿A qué me refiero? Ya hace un tiempo que vengo leyendo publicaciones promocionadas de Decathlon en mi Facebook. A veces estas publicaciones son sobre material de natación, otras sobre material de running y muchas otras sobre material de yoga. Si sentís curiosidad, podéis entrar en la página de Decathlon y echar un vistazo a lo que venden, pero básicamente veréis lo mismo que en muchas otras tiendas de material deportivo: leggings ceñidos de colores variados, shorts, súpershorts, camisetas y tops de diseños llamativos (a veces poco funcionales), esterillas de calidades variadas, bloques, cinturones... lo típico, vamos. Bueno, pues últimamente me están molestando bastante los comentarios que muchas personas dejan en estas publicaciones de Decathlon en Facebook. Ojo, que conste que no voy a promocionar ni defender a nadie (Decathlon, como cualquier multinacional gigante, tiene sus trapos sucios y cosas no demasiado bonitas) pero hay personas que hacen comentarios bastante negativos e incluso con mala leche. Hay gente incluso ofendida con su oferta de productos. ¿Por qué? Porque según ellos creen, Decathlon no tiene ni idea de lo que es el yoga y por eso no vende los productos que debería estar vendiendo. Hablo de comentarios como los que, literalmente, copio a continuación, aunque a lo largo de los últimos meses he leído muchos más y peores:



#1 Sí, esa ropa para fideos, ahora solo pueden hacer yoga los delgados k puedan enfundarse en unas mallas mini y en un top. Decathlon, no tenéis ni idea de lo k es el yoga. Y por dios, esos cinturones para ejercicios para yoga, quitadles las hebillas, no veis k te pueden dar en la cara. Ah, no lo veis, porque no sabéis ni para que se usa. En todo caso, sacad una línea de ropa cómoda, de algodón y blanca, k expande el aura.
#2 La coleccionistas muy bonita...pero para yoga?Ropa blanca, camisetas, pantalones anchos..cuando?
#3 Para hacer yoga y meditación no se necesita nada...Siempre lo mismo, consumismo.
#4 Señor Decathlon que el yoga se práctica con tonos claros y si es posible blanco. No hay nada asi!!!!
#5 Ropa blanca para yoga?? Yo hago ashtanga yoga y no necesto ropa blanca ..en si es ropa comoda y nada mas . Pantalon corto y nadadoras , super comoda y lista para sudar , no hace falta mas .. 
#6 Pues soo hace falta tu cuerpo y tu ser interno , no hace falta nada más , lo demás son tonterias
#7 No entiendo por qué Decathlon se empeña en poner capucha  a las prendas de yoga y por qué las hacen tan holgadas. Les recomiendo a los que se encargan de los diseños que tomen una clase y comprueben lo incómodo que resulta en una postura tan básica y popular como es por ejemplo la de perro invertido

#8 Yo practico Yoga, y, de verdad sobran las mangas largas y por supuesto la capucha.... y efectivamente, las prendas muy holgadas entorpecen .


A ver, vamos por partes. Están los que se ofenden porque hacen ropa para gente esbelta y ellos no lo son, e incluso les molesta que el cinturón tenga una hebilla. Emmmm, esto... ¿Y cómo narices lo quieres si la hebilla sirve precisamente para ajustarlo a la parte del cuerpo donde lo vas a usar?

Están los absolutistas que afirman que el yoga sólo es yoga cuando se practica vestido de blanco, o los absolutistas que creen que los que dicen que hay que hacerlo de blanco no saben lo que dicen porque todo el mundo sabe que en yoga se suda.

Están los anti-capitalistas convencidos que afirman que para hacer yoga no se necesita nada. Cierto es, y de hecho hay escuelas en la India donde practican como dios les trajo al mundo, pero yo casi que prefiero no ir desnuda a una clase, y que yo sepa, aún no sé fabricarme mi propia ropa, y me la tengo que comprar.

Están los que dicen que la ropa holgada y con manga larga es un horror y no se puede hacer el perro que mira hacia abajo. Bueno, en muchos estilos tradicionales, adho mukha svanasana sólo aparece en el saludo al sol, así que no hay para tanto.

Luego, por suerte, están los que simplemente piden que hagan TAMBIÉN ropa blanca y holgada, aunque no los he incluído aquí.

En general, toda esta gente que va de yogui, ha dejado unos comentarios con una actitud bastante poco yogui. ¿Quienes somos nosotros para decir qué es yoga y qué no lo es? ¿Quienes somos nosotros para decir que lo mío es más yoga que lo tuyo porque yo voy de blanco y tú no y por lo tanto no tienes ni idea? La mayoría de personas que dejan esa clase de comentarios en los posts de material de yoga de Decathlon desconocen, ignoran o menosprecian la existencia de otros estilos diferentes al suyo. Para cada estilo hay un tipo de ropa y estaría bien que Decathlon y muchísimas otras marcas supieran eso: para estilos clásicos y/o más estáticos (hatha, kundalini...), ropa blanca y holgada. Para estilos más occidentalizados y/o vigorosos, ropa más ceñida y que permita mejor movimiento. Menos odio y más aceptación y comentarios constructivos es lo que necesitamos. Lo que hacemos nosotros no es siempre lo "verdadero" y "único".

Y después de meteros este rollo, paso a los pros y contras de llevar cada tipo de ropa, y a partir de ahí que cada uno decida qué es lo que prefiere, pero con amor.



ROPA BLANCA Y HOLGADA TRADICIONAL

Concentración y buena circulación del prana.

PROS

  • Es sencilla, transpira y suele estar fabricada con materiales naturales. 
  • El color blanco ayuda en la concentración y evita que nos despistemos con los colores o patrones llamativos de nuestra propia ropa o la de los demás. 
  • Al ser holgada, esta ropa facilita la circulación del prana y permite practicar pranayama y meditación cómodamente. 
  • No tienes que preocuparte por qué modelito te vas a poner hoy. 
  • No te sientes observado, no llamas la atención de nadie y sientes que te fundes con el resto de la clase. Eres parte de algo más grande, un todo, eres parte de una comunidad. Todos sois iguales, nadie destaca, nadie es más importante y nadie se siente fuera de lugar. 

CONTRAS

  • El blanco no es muy limpio, si te ensucias, se ve a distancia. 
  • Se transparenta todo. A veces encontrar unos pantalones blancos que no muestren al mundo el aspecto de tu ropa interior es todo un desafío. 
  • Es aburrido y soso. Este punto es bastante inmaduro e infantil, pero también afecta nuestra elección. 
  • La ropa holgada es extremadamente incómoda. Cada vez que quieres que levantar una pierna tienes que subirte la pernera del pantalón y cada vez que te pones boca abajo acabas con tu súper camiseta ancha tapándote toda la cara y asfixiándote. Vale, estoy exagerando un poco, pero pasa, y lo sabes.
  • La ropa a dificulta al profesor observar las alineaciones del cuerpo del alumno, (o te lo dificulta a ti mismo también), 
  • La gente te mira raro, especialmente si vas en grupo. Swamini Danda, mi maestra, dice que muchas veces cuando nos ven por la calle nos llaman "los enfermeros". 
  • Es difícil encontrar este tipo de ropa en sitios relativamente baratos. (Decathlon, toma nota) 


ROPA MODERNA Y PRÁCTICA: LEGGINGS, SHORTS, TOPS Y DEMÁS
Alineación y diseño atractivo


PROS

  • Súper cómodo y práctico. Este tipo de ropa se adapta a la forma de tu cuerpo y te da libertad de movimiento, especialmente si practicas estilos de yoga dinámicos y que "fluyen" (secuencias de posturas enlazadas), ya que no tienes que pararte cada vez a recolocarte la ropa.
  • Permite observar bien la alineación del cuerpo en las asanas. Un plus si eres profesor. 
  • Es bonita. Este es un argumento también un poco superficial, pero la verdad sea dicha: a nadie le gusta sentirse feo y a todos nos gusta vestirnos con colores que combinan con nuestro estado de ánimo ese día. Ser yogui no tiene porqué estar reñido con el saber apreciar algo bonito. 
  • Puedes encontrarla fácilmente en la mayoría de tiendas deportivas. 
  • Es más fresquita, especialmente en épocas calurosas. 

CONTRAS

  • No deja demasiado a la imaginación y si no tienes un cuerpo bonito y fantástico puede que te haga sentir algo incómoda. Las mallas ajustadas pueden ser bastante reveladoras si tienes sobrepeso o michelines y los tops ajustados pueden no quedarte demasiado estupendos si llevas, como yo, 5 años seguidos de lactancia. Ojo, si te lo pones igualmente aunque no tengas un cuerpo 10, te aplaudo y olé tú, ojalá todas la mujeres tuvieran la misma confianza en ellas mismas, pero por desgracia, la mayoría de nosotras estamos cargadas de puñetas y manías. Chicas, nos toca trabajar nuestra autoestima.
  • La ropa de este tipo de buena calidad suele ser muy cara. 
  • Depende de qué colores y estampados pueden despistar o dificultar la concentración. 
  • No facilita la buena circulación del prana, ya que oprime ciertas zonas del cuerpo. 
  • La mayoría de las veces no está fabricada con fibras naturales (hay excepciones, por supuesto). 
  • Suele invitarnos a cierta superficialidad y vanidad o incluso a un consumismo desmesurado. Choca con el principio de aparigraha, no avaricia. Además, suele estar relacionado con este tipo de imagen de chica guapa de cuerpo perfecto que practica yoga que nos venden muchas veces en las redes. Es decir: postureo. 

Me paso la vida analizando los pros y contras y siempre llego a la misma conclusión: ¡podría ponerme unos leggings blancos! Buff, podría pero lo veo difícil. Soy una mujer de 34 años, madre de dos hijos y con tendencia a acumular grasa en el trasero y en los muslos. La idea de meterme en unas mallas blancas y mostrarle al mundo lo que me acompleja de mi cuerpo no me atrae demasiado. No, no estoy gorda. Sí, estoy muy bien para haber tenido dos hijos. Aún así, no tengo tanto valor y aunque sea una tontería, no me apetece ir a hacer yoga sintiéndome incómoda. Si hago yoga quiero mi mente en la práctica, no en cómo se ve mi culo. Ya trabajaré mi autoestima con otro color. 

¿Y vosotros/ vosotras qué opináis de este tema? ¿Sois de ropa blanca y holgada o colorida y ceñida? ¿O blanca y ceñida (envidia me dáis)?

Un abrazo y om Shanti.






sábado, 28 de enero de 2017

Un any de Mama Irya. Balanç del meu primer any a les xarxes.


(Versión castellana más abajo)

Avui és 28 de gener de 2017 i tot just fa un any que vaig començar aquest bloc. Un bloc que va engegar amb moltes ganes i energia i que s'ha anat apagant de mica en mica per falta de temps, tot i que no s'ha perdut pas la il·lusió del principi. Sou poquets els que em llegiu, però hi sou, i per a mi això val un món. El meu objectiu no ha estat mai fer-me famosa ni rica, i la veritat, crec que encara que ho intentés tampoc ho aconseguiria. El meu objectiu sempre ha estat compartir les meves experiències amb el ioga i com visc el dia a dia intentant compaginar la meva pràctica amb la maternitat. Aquest no ha estat mai un bloc de maternitat o de ioga per a mares, sinó un bloc d'una mare yoguini. Vaig triar aquest nom perquè són les dues coses que defineixen la meva vida en aquest moment: sóc mama i sóc Irya Devi, i una cosa no pot anar sense l'altra.


En un any el meu pas per les xarxes ha evolucionat molt: vaig passar de tenir només el bloc a obrir una pàgina de Facebook (Mama Irya. La mama yoguini. Feu-hi una ullada i seguiu-me ;-)) a reprendre l'activitat al meu compte d'Instagram, que tenia abandonat des del segon embaràs. Ara per ara el que més m'està ocupant és Instagram, ja que ha resultat ser una plataforma ràpida i molt eficaç per a connectar amb yoguis a nivell nacional i internacional. Tampoc tinc una legió de seguidors allà (m'estic apropant als 1000), però estic establint una relació molt especial amb molts d'ells. El fet de tenir aquest compte d'Instagram m'ha obert la porta a anar a esdeveniments com la Masterclass de Mango, i aquest esdeveniment m'ha permès conèixer gent preciosa que a la seva vegada m'ha obert la porta a anar a més masterclasses, tallers i sessions vàries. He participat en reptes i sorteigs, alguns dels quals els he guanyat (amb els conseqüents premis), he participat en actes benèfics, he escrit articles, he escrit reviews sobre productes que m'han regalat, etc, etc. Durant tot aquest any he hagut de justificar perquè escric un bloc  i si en trec res, amb dues connotacions. La primera volent dir que quina xorrada és  això d'escriure un bloc si no em paguen i la segona insinuant que sóc una mala yogui i com acusant-me de voler-me fer "autobombo". La conclusió a la que he arribat és que la gent sempre criticarà tot el que facis, així que fes el que a tu et sembli.

Imatge de la Masterclass Gaudium Vita. Foto de Shambhala barcelona
 
Curiosament, però, el més gran que m'enduc d'aquest primer any és la gent. Estic coneixent a gent meravellosa a través de Facebook i Instagram, he passat a formar part de una gran comunitat yogui virtual. És gent bonica que comparteix la seva sadhana (pràctica) i es recolzen i s'animen les unes a les altres. Però com no podia ser d'una altra manera, també Instagram té un costat ben fosc.

En moltes ocasions us he parlat de l'obsessió pel consumisme i el materialisme que hi ha a les xarxes (i en la nostra societat en general) i per desgràcia, això abunda a Instagram. És tot com una gran plataforma que les marques utilitzen per bombardejar-te dia sí i dia també amb productes que no necessites. I no només les marques, la gent també. Molts ja coneixeu el que opino de ser yogui i passar-te el dia promocionant productes...

També hi ha gent indesitjable, amb un ego extraordinàriament gran que es fa dir yogui però a la pràctica fan coses molt poc yoguis, com el maleït follow-unfollow que, sentint-ho molt, m'amarga l'existència. Es tracta de gent que creuen que per ser guai han de tenir milers i milers de seguidors però ells segueixen a quatre gats perquè això és signe d'exclusivitat. Es passen la vida seguint gent a la xarxa per aconseguir que els segueixin també per simpatia. Un cop tenen el teu "follow", et deixen de seguir. Mai els ha interessat res del que publiques, només estan interessats en el seu enorme i monstruós ego, que només es preocupa de fer que el seu súmero de seguidors creixi i creixi i creixi. Perdoneu, però, des de quan la teva vàlua com a persona depèn del número de persones que fan click a una foto teva? És realment desmotivador veure com hi ha gent que penja fotos i textos encoratjadors, plens de sentit i grans missatges i només tenen 300 seguidors, quan hi ha gent que penja una foto en roba interior i posa una frase del tipus: "Bon dissabte" i els segueix 10.000 persones. Res en contra del que publica la gent, cadascú és lliure de fer servir la xarxa com vulgui. L'interrogant el poso sobre aquesta gent que hi posa m'agrada. Bon dissabte i un cul t'inspiren? Wow. Una de vegades té ganes d'enviar Instagram a pastar fang, i de fet m'ho plantejo amb certa freqüència. Però cada vegada que penso que seria millor que ho deixi trobo un motiu per seguir-hi: una menció en la publicació d'una persona que admires, un comentari encoratjador o motivador, una persona totalment desconeguda que et demana que segueixis publicant perquè els inspires... Wow! Això ha estat el més fort que m'han dit mai: "inspires". Saber que amb les teves vivències, paraules o idees pots ajudar a una sola persona a trobar el seu camí val molt més que tots els seguidors del món.
Gent bona i dolenta en trobaràs a qualsevol lloc: al món real i a les xarxes, només has de saber posar els filtres adequats. Hi ha molta gent desconeguda mereixedora de ser llegida i molta gent famosa que no inspira. Fem bon ús de les xarxes. Busquem allò que ens motiva i ens inspira i evitem allò que trobem frívol i superficial. Si busques el yoga autèntic a internet, el pots trobar, només has de parar atenció. No alimentis la superficialitat i la frivolitat. 

Per a celebrar aquest primer any de yoga virtual i els meus imminents 1000 followers a IG, m'he aliat amb la meva mestra Swamini Danda i estem preparant un petit sorteig en el que ens encantaria que hi partissipéssiu. Us mantindré informats. Mentrestant, moltes gràcies per formar part de meva família yogui virtual.

Om Shanti.

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Hoy es 28 de enero de 2017 y justo hace un año que empecé este blog. Un blog que arrancó con muchas ganas y energía y que se ha ido apagando poco a poco por falta de tiempo, aunque no se ha perdido la ilusión del principio. Sois poquitos los que me leéis, pero estáis ahí y para mí eso vale un mundo. Mi objetivo no ha sido nunca hacerme famosa ni rica, y la verdad, creo que aunque lo intentara tampoco lo conseguiría. Mi objetivo ha sido siempre compartir mis experiencias con el yoga y como vivo el día a día intentando compaginar mi práctica con la maternidad. Este no ha sido nunca un blog de maternidad o de yoga para madres, sinó el blog de una madre yoguini. Elegí este nombre porque son las dos cosas que definen mi vida en este momento: soy mamá y soy Irya Devi, y una cosa no puede ir sin la otra.



En un año mi paso por las redes ha evolucionado mucho: pasé de tener sólo el blog a abrir una página de Facebok (Mama Irya. La mama yoguini. Echadle un vistazo y seguidme ;-)) a retomar la actividad en mi cuenta de Instagram, que tenía abandonada desde mi segundo embarazo. Ahora mismo lo que más me ocupa es Instagram, ya que ha resultado ser una plataforma rápida y muy eficaz de conectar con yoguis a nivel nacional e internacional. Tampoco tengo una legión de seguidores allí (me estoy acercando a los 1000), pero estoy estableciendo una relación muy especial con muchos de ellos. El hecho de tener esta cuenta de Instagram me ha abierto las puertas a acontecimientos como la Masterclass de Mango, y este acontecimiento me ha permitido conocer a gente preciosa, que a su vez me han abierto las puertas a participar en más masterclasses, talleres y sesiones varias. He participado en sorteos y retos (algunos los he ganado, con sus correspondientes premios), he participado en actos benéficos, he escrito artículos, he escrito reviews de productos que me han regalado, etc, etc. Durante este año también he tenido que justificar porqué escribo un blog y si saco nada de ello, con dos connotaciones. La primera queriendo decir que  menuda chorrada es eso de escribir un blog si no me pagan y la segunda insinuando que soy una mala yogui y como acusándome de darme autobombo. La conclusión a al que he llegado es que la gente siempre criticará todo lo que hagas, así que haz lo que a ti te parezca.


Imagen de la Masterclass de Gaudium Vita. Foto de Shambhala Barcelona
Curiosamente, lo más grande que me llevo de este primer año en las redes es la gente. Estoy conociendo a gente maravillosa a través de Facebook e Instagram, he pasado a formar parte de una gran comunidad yogui virtual. Es gente bonita que comparte su sadhana (práctica) y se apoyan y animan las unas a las otras. Pero como no podía ser de otra manera, también Instagram tiene un lado oscuro.


En muchas ocasiones os he hablado de la obsesión por el consumismo y el materialismo que hay en las redes (y en nuestra sociedad en general) y por desgracia, esto abunda en Instagram. Es como una gran plataforma que las marcas utilizan para bombardearte día sí y día también con productos que no necesitas. Y no sólo las marcas, la gente también. Muchos ya conocéis lo que opino sobre ser yogui y pasarte el día promocionando productos...



También hay gente indeseable, con un ego extraordinariamente grande que se hace llamar yogui pero en la práctica hace cosas muy poco yoguis, como el maldito follow-unfollow que, sintiéndolo mucho, me amarga la existencia. Se trata de gente que cree que para ser guay tienen que tener miles y miles de seguidores pero ellos siguen sólo a cuatro gatos porque eso es signo de exclusividad. Se pasan la vida siguiendo a gente por la red para conseguir que les sigan a ellos también por simpatía. En cuanto tienen tu "follow", te dejan de seguir. Nunca les ha interesado nada de lo que publicas, sólo están interesados en su enorme y monstruoso ego, que sólo se preocupa de hacer que su número de seguidores crezca, crezca y crezca. Perdonad pero ¿desde cuándo tu valía como persona depende del número de gente que hacen clic en una foto tuya? Es realmente desmotivador ver como hay gente que cuelga fotos y textos empoderadores, llenos de sentido y grandes mensajes y que sólo tienen 300 seguidores, cuando hay gente que cuelga una foto en ropa interior y pone una frase del tipo "Feliz sábado" y les siguen 10.000 personas. Nada en contra de lo que publica la gente, cada uno es libre de usar la red como le da la gana. El interrogante lo pongo sobre esa gente que pone un "me gusta". ¿"Feliz sábado" y un culo te inspiran? Wow. Una a veces tiene ganas de mandar Instagram a tomar viento fresco, y de hecho me lo planteo con cierta frecuencia. Pero cada vez que pienso que sería mejor que lo deje, encuentro un motivo para seguir: una mención en la publicación de una persona a quien admiras, un comentario motivador, una persona totalmente desconocida que te pide que sigas publicando porque les inspiras... ¡Wow! Eso ha sido lo más fuerte que me han dicho jamás: "inspiras". Saber que con tus vivencias, palabras o ideas puedes ayudar a una sola persona a encontrar su camino vale mucho más que todos los seguidores del mundo.

Gente buena y mala la encontrarás en todas partes: en el mundo real y en las redes, sólo tienes que saber poner los filtros adecuados. Hay mucha gente desconocida merecedora de ser leída y mucha gente famosa que no inspira. Hagamos un buen uso de las redes. Busquemos aquello que nos motiva y nos inspira y evitemos lo que consideramos frívolo y superficial. Si buscas el yoga auténtico en internet, lo puedes encontrar, sólo tienes que prestar atención. No alimentes la superficialidad y la frivolidad. 

Para celebrar este primer año de yoga cirtual y mis inminentes 1000 followers en IG, me he aliado con mi maestra Swamini Danda y estamos preparando un pequeño sorteo en el que nos encantaría que participáseis. Os mantendré informados. De mientras, muchas gracias por formar parte de mi familia yogui virtual.

Om Shanti.








jueves, 11 de agosto de 2016

Aparigraha, no avarícia. Ioga, màrketing i consumisme.

Fa unes setmanes us vaig parlar de la revolució de les xarxes socials al món del ioga i com aquestes poden afectar positiva o negativament la nostra pràctica. L'entrada d'avui ha estat bastant improvisada a arrel d'una cosa curiosa que em va passar la setmana passada i que està directament relacionada amb l'article que vaig escriure el mes passat (el podeu llegir aquí: http://mamairya.blogspot.com.es/2016/06/yoga-20-reinvencio-o-frivolitzacio-del.html)

En resum, vam parlar de les xarxes socials i de la imatge que moltes vegades es projecta del ioga: noies maques, roba bonica i cara, postureig...Recordeu? Doncs bé, la setmana passada una marca de roba de ioga americana es va posar en contacte amb mi a través del meu compte d'Instagram per oferir-me ser una de les seves "ambaixadores", ja que els agradava molt la meva galeria i l'energia positiva que desprenen les meves fotos. Què és un ambaixador a les xarxes socials? És bàsicament una persona que fa visible els productes d'una empresa a través de les xarxes penjant fotos seves amb aquests productes. He d'admetre que el meu ego es va sentir genial en aquell moment: "uaaa, a una marca de roba li agradaria que jo els representés! Roba preciosa gratis o amb descomptes!" Llavors va entrar en joc la raó: "mmm, hi ha d'haver truc per algun lloc". El primer que vaig fer va ser buscar el nom de la marca a Google i la veritat és que em va deixar bastant impressionada ja que la roba que fan és preciosa i sembla super còmoda per a practicar ioga. Vaig ser estúpidament seduïda per uns tops meravellosos i uns quants parells de leggings estampats de 90$. Què??!! 90€ unes malles? Estan bojos aquests americans... Permeteu-me que us digui que a Estats Units aquest és el preu que la gent acostuma a pagar per uns "yoga pants", com ells els anomenen, i el que més m'ha cridat sempre l'atenció és que no els trobin cars. Mare meva, amb aquests diners me'n compro jo 10 parells al Decathlon i en tinc per als propers 3 anys! 

Molt bé, doncs, una marca de roba bonica i cara m'ha proposat ser la seva ambaixadora, què faig? Com que tenia molta curiositat, vaig decidir enviar un email a la representant, que va resultar ser una noia encantadora i que em va explicar la filosofia de l'empresa. És una empresa administrada només per dones i que creu en l'empoderament de la dona i els valors del yoga. Volen fomentar la imatge de la dona forta i independent que s'estima i es cuida. No està gens malament, ja que són uns valors que jo també comparteixo, però hi havia més: bàsicament ser ambaixadora consisteix en penjar fotos a instagram amb la seva roba almenys una vegada al mes (pot ser sempre la mateixa roba, cap problema) i fer-ne promoció. Et deixen la roba rebaixada a un 30% i et donen un codi perquè el facin servir els teus seguidors a Instagram, del tipus: "ei, si t'agrada la roba de tal marca, pots aconseguir-la amb un 15% de descompte si fas servir el meu codi", i així, cada 10 compres que es fan amb el teu codi et regalen una peça de roba. La qüestió és que la marca aconsegueix publicitat i a canvi a tu et donen descomptes, et regalen roba bonica de tant en tant i promocionen el teu compte d'Instagram fent difusió de les teves fotos amb el seu producte.

Em vaig quedar molt descol·locada, ja que era una idea molt atractiva i semblava definitivament el que s'anomena una "win-win situation"(tu guanyes, ells guanyen i tothom content), però em semblava extremadament consumista. Sí, la idea d'aconseguir roba preciosa a bon preu és molt temptadora, però també molt frívola. He d'admetre que la idea em seduïa però no acabava de fer-me sentir còmoda, així que ho vaig parlar amb una bona amiga i ella em va ajudar a veure la llum. Recordeu tot el que vaig dir a l'article que vaig escriure el mes passat: el ioga és molt més que leggings bonics i posturetes, el ioga és un estil de vida, una filosofia i forma d'entendre el món, i acceptar aquesta proposta significava anar en contra dels principis del ioga, en especial del principi d'Aparigraha.

En altres ocasions us he parlat de Patanjali, el savi del ioga i els 8 membres del ioga, també coneguts com l'escala de Patanjali. En aquesta escala cada esglaó representa un pas per arribar al Samadhi (la plenitud, la il·luminació) i el primer esglaó de tots son els Yamas, el control, les restriccions. El primer de tots és Ahimsa, la no violència, el segon és Asteya, no robar, i el tercer ja us el podeu imaginar: exacte, Aparigraha, la NO AVARÍCIA, la no acumulació de béns materials o abstractes, la desafecció d'objectes o sensacions que creiem que necessitem per sentir-nos bé.

A continuació, m'agradaria citar textualment un passatge del llibre "El Aprendiz de Yoga" de Swamini Danda, la meva mestra:
Tienes todo lo que necesitas para ser feliz. Cuando empiezas a andar en la dirección de lo que quieres, te vas encontrando todo lo que necesitas. Es como un milagro: Nada te faltará. Cuántas veces la cabeza nos hierve en mil y un deseos de hacer, de tener, de dominar los hechos, de conquistar, de conseguir e incluso de "vivir" intensamente, de tener muchas experiencias, placeres, poder, relaciones... en definitiva, de llenar un "vacío existencial" con el consecuente miedo añadido de perderlo todo y quedarnos con las manos vacías. Vemos como algunas personas están apegadas a cosas que, en realidad, no necesitan.
No necessites aferrar-te a res per a ser feliç. Busca la simplicitat.


Efectivament, tenim una mena de necessitat absurda d'acaparar coses que, no només no ens serveixen per res, sinó que a més ens suposen una càrrega. No tenir coses implica ser feliç amb poc i saber apreciar les coses bones de la vida. No tenir coses innecessàries fa que puguis omplir els espais buits amb altres que sí que valen la pena. Acaparar béns materials només et porta patiment i por a perdre-ho tot. Així doncs, tinguem només allò que necessitem. Necessito jo uns quants parells de leggings cars per ser feliç? No. Puc fer ioga amb qualsevol roba, sempre i quant sigui còmoda. Necessito jo tenir més seguidors a Instagram per ser feliç? No, els seguidors sempre són benvinguts, però tenir-ne més o menys no canvia la meva realitat. 

Si per aconseguir tot això havia de comprar uns leggings a més de 60$ amb descompte i després sumar-li les despeses d'enviament, m'hauria sortit la broma per un ull de la cara. Estic disposada a pagar aquesta quantitat de diners per una sola peça de  roba que faré servir per suar? No. Estic disposada a comprar-ne alguna de tant en tant per no repetir modelet a les fotos i que així no quedi lleig? No. Estarien alguns dels meus contactes d'Instagram disposats a pagar gairebé 100$ pel mateix? Ho dubto molt, no conec gaire gent del meu cercle d'amistats que vulgui gastar-se una fortuna en això, per no dir que a la majoria ni tan sols els agrada el ioga. Hauria acabat gastant molts diners en unes malles i després no hauria trobat a ningú que es comprés res, així que jo no guanyaria res, i la veritat és que tot plegat seria una mica "cutre" perquè el meu número de seguidors a Instagram és molt petit. I així s'acabaria la meva experiència com a "cutre-influencer", amb menys diners, menys temps i uns principis ètics dubtosos.

És ètic que les empreses vinculades al món del ioga fomentin el consumisme? Bé, són empreses, tenen un negoci i bé han de viure d'alguna cosa, però és bastant contradictori per a un yogui parlar de ioga i després oferir descomptes i promocionar un producte que, en la meva humil opinió, és absurdament car, amb la intenció de guanyar fama i més roba maca. Atenció, no jutjo els yoguis que ho fan, simplement dic que és contradictori. Personalment, jo no tindria la consciència tranquil·la sabent que em passo la vida pregonant els Yames i Niyames als meus lectors i alumnes i després us colés un "Compra't aquest parell de leggings extra cars que no necessites amb un 15% de descompte." Com es pot ser yogui i després dedicar-te a promocionar béns de consum? Com em va dir la meva amiga Alejandra, la història seria ben diferent si es tractés d'un negoci  local o d'alguna amiga que comença. Llavors seria jo ajudant a un emprenedor a guanyar-se la vida, no a una empresa Nord-Americana super-mega-capitalista. No sé si m'enteneu...

És probable que molts no entenguin perquè vaig declinar amablement l'oferta de la representant, però això es deu a que ja tenim el cervell rentat. A diari ens fan creure que necessitem una pila de coses que en realitat són inútils i ens fan més esclaus de les nostres possessions. És clar que m'agrada la roba bonica, sóc humana, però jo decideixo si en tinc prou amb  3 peces o en necessito 15 i també decideixo si em vull gastar 20€ o 100€. És en moments com aquest que aprecies la simplicitat del Hatha Yoga clàssic: els mestres tradicionals et demanen que vagis a classe tot vestit de blanc. Tothom vesteix igual, ningú destaca, et pots centrar en la teva pràctica. Personalment, quan practico a casa o pel meu compte, a mi m'agrada posar-me roba de colors, ja que la trobo més alegre i em fa sentir bé, però agraeixo el poder arribar a l'Ashram i oblidar-me del que porto jo o porta l'altre, de si la meva roba és més "trendy" que la seva i ximpleries d'aquest estil. El ioga és ioga, no una passarel·la. A la Índia el ioga s'ha practicat tradicionalment amb un tapall (un "taparrabos", vaja) perquè la idea és estar còmode, no guapo.

Si practiques ioga, no oblidis mai perquè ho fas. Si decideixes ser com aquestes noies guapes de Instagram i gastar-te molts diners en la roba que faràs servir en la teva pràctica, para't a pensar perquè ho fas. Si decideixes gastar-te aquests diners perquè els tens i t'agrada, no passa res, són teus i tu ets feliç així, però no oblidis mai el principi d'Aparigraha: només és roba, un bé material més per a carregar pel teu camí de ioga.

Gràcies per llegir.

Om Shanti.